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La importancia de los cuentos en el desarrollo infantil
Por: Patricia Merlo
| Morelia Miercoles 12 de Septiembre del 2012
Érase una vez... Había una vez... Hace muchos, muchos años...

Con estas palabras podemos abrir un mundo infinito, podemos entrar a
universos donde todo es posible y pasan las cosas más increíbles.

El mundo de nuestra imaginación, de nuestra vida interna que está directamente
conectada con nuestra vida emocional.

Los cuentos y las narraciones son una fuente inagotable de recursos para
divertirnos y experimentar placer, pero también nos ayudan a aprender y
comprender más de nuestro mundo y de nosotros mismos. En el caso de las
niñas y los niños, los cuentos juegan además un papel fundamental en su
desarrollo, ayudándolos a comprender el mundo, el lenguaje, las emociones, el
bien y el mal.

Actualmente la televisión, el cine y los aparatos electrónicos han venido a
ocupar un lugar importante en las actividades diarias, lo cual no está mal en la
medida que hagamos un uso adecuado de estas, y no reemplace actividades
fundamentales para el desarrollo físico y mental de los niños, tales como la
actividad física, las relaciones interpersonales y el contacto con la cultura
escrita; la lectura y la escritura. En este punto no me refiero a escribir y leer
como un deber o una obligación. Hablo de esas lecturas y escritos que se
hacen por placer, por gusto, por el hecho de jugar, disfrutar y aprender con
base en nuestros propios intereses y necesidades.

Los cuentos son una actividad necesaria para acompañar a nuestras niñas y
niños en su crecimiento. Ahora se sabe que a las niñas y niños que se les lee
desde pequeños presentan un adecuado desarrollo del lenguaje, lo que los
lleva a comprender mejor y a comunicarse más efectivamente, por supuesto
que esto se ve reflejado en su pensamiento y en su rendimiento escolar. Del
mismo modo es más probable que se conviertan en lectores críticos que elijan
libremente lo que quieren leer y se beneficien de ello.

Los niños pequeños descubren, en tanto se enteran de que existen historias,
imágenes y libros, que hay palabras para describir las cosas que hay en el
mundo, y también para cosas que suceden “en sus cabezas”. También hay
palabras para el lenguaje mismo: “palabra” es una de ellas. Por ejemplo, tal vez
en una casa no se use comunmente la palabra “murmurar”, pero si la
descubren en los cuentos y tienen que adivinar a partir del contexto lo que ésta
palabra significa, -que el que hablaba decía algo en voz muy baja-, ya tienen
otro elemento para pensar y nombrar lo que pasa. Asimismo aprenderán a
buscar este tipo de claves ante nuevas narraciones o lecturas.

Los cuentos favorecen su seguridad, pues ponen nombre a sus miedos. La
oscuridad puede ser menos amenazadora cuando se habla de ella en voz alta,
el antes y después (pasado y futuro) se ordena de forma más concreta,
analizan las emociones e intenciones de los personajes y de paso amplían la
comprensión de las suyas. Se adueñan de la historia en su memoria y pueden
crearla y recrearla a placer, Ricitos de Oro podría hacerse amiga de los tres
osos, o Cenicienta podría ser en realidad un Ceniciento.

El adulto que lee a un niño no sólo beneficia al niño, ya que si lo hace con la
actitud adecuada comparte un tiempo y un espacio muy especial, esto ayuda a
que entre ellos se forme una atmósfera especial, un vínculo afectivo que va
más allá de las palabras y los enriquece a ambos. Cuando un padre o madre
lee a sus hijos, les demuestra aprecio e interés, requisitos para un sano
desarrollo emocional. “La confortable cercanía permanece en la memoria del
niño mucho tiempo después de que el libro y otros detalles de la actividad han
sido olvidados” (1).

El escritor uruguayo Germán Machado propone en su blog
(http://machadolens.wordpress.com), algunas “instrucciones” para ayudar a leer
a un niño, me permito citar algunas.

• Lea como si usted nunca fuera a dejar de ser un niño, pero sabiendo
que ya no lo es. Lea en la actualidad, pero sabiendo que en el futuro
estará el pasado y en el pasado también estuvo el porvenir.

• Al seleccionar la lectura, piense en el niño con el que va a leer, pero no
haga caso a las categorías, ni a las clases, ni a las edades, ni a los
tamaños. El único que puede ser caprichoso en cuanto a elegir la lectura
es el niño, no usted.

• Lea con el niño sólo cuando está seguro de dos cosas: que no tiene
ninguna otra tarea más importante para hacer y que leer con él no
representa una tarea para usted. Si no está seguro de eso, igual es
mejor que lea con el niño a que no lo haga.

• Lea con el niño como si fuera la última vez que va a hacerlo, y también
como si fuera la primera.

• Si cuando está leyendo con el niño éste lo interrumpe, detenga la lectura
y preste atención a lo que surge. Piense que no todo lo que van leyendo
está escrito en el libro. Las disgresiones son propias de una lectura
imaginativa. Atrévase a ir más allá de la letra o a volver desde lo escrito
a la realidad: piense que la imaginación antecede a la escritura y
también la desborda.

Cuando nuestras niñas y niños estén preparados, debemos alentarlos también
a escribir sus propias historias. La escritura es la forma de hacer visible el
pensamiento, y pensar transforma al mundo.
Leer es pensar sobre el significado; escribir es hacer visible el pensamiento.
Hacer ambas cosas es aprender a ser por igual el narrador y el que escucha en
el diálogo de la imaginación.

Felices lecturas
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